lunes, 30 de agosto de 2010

El encierro.



    Me levante a la cinco y media de la mañana como de costumbre, cuando sonó el despertador con la estación de las noticias empecé a desperezarme poco a poco, lentamente con alegría como quien ha dormido en el mejor colchón y ha tenido  los mejores sueños,  me levante muy tranquilamente de la cama rasque mi cabeza y acomode las sabanas, me dirigí al baño me eche una tremenda miada, moje  mi cara y lave mis dientes  regrese al cuarto, seguían las noticias, me mude a un pans como y ligero fue al siguiente cuarto corrí las cortinas camine  por veinte minutos, hice gym por veinticinco. Entre al cuarto ya pasaban música más versátil, lo apague. Tome  mi ropa de baño deseche el pans me metí al baño me eche un regaderaso rápido me enjabone y enjuague, cerré la llave tome la rasuradora eléctrica y la puse a funcionar me lave los dientes, acudí a mi cuarto tome el mejor de mis trajes, vestí, fui a la cocina prepare un coctel de frutas, un jugo y un pan los acabe, me fui mirar por última vez al espejo lave y enjugue mis dientes, me dirigí a la puerta de entrada la abrí  desapareció y volvió a aparecer otra cerrada, la volví a abrir y ocurrió otra vez y una vez más hasta que me detuve a reflexionar, respire profundo como treinta veces volví a abrir la puerta y ocurrió lo mismo estuve dos horas ahí tratando de abrir ya estaba desalineado alterado y esquizofrénico, corrí por toda la casa abrí una ventana y me lancé, mas cual fue mi sorpresa que al lanzarme no caía mas, mis pies quedaron  a ras del piso donde vivía. Mas trate de caer y no lo hacía incluso trate de moverme más allá del límite de la ventana y no podía tuve que regresar a casa a intentar con otra ventana, ocurría lo mismo. Trate de romper el muro pero a cada golpe este se regeneraba, igual techo y piso. Entre en estado de shock. Pase así dos meses, hasta tranquilizarme y resignarme, decidí comer al pensar esto me volvió un pánico espantoso pero la comida se reproducía como células en mi refrigerador por más  que comía no se acababa. Así que siempre hago la rutina de un principio, pero ahora solo abro y brinco la ventana después de cada comida.

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