viernes, 22 de abril de 2011

La fuente.



Un empresario, el más rico del mundo, caminaba despreocupadamente por un parque de la ciudad de Nezahualcoyotl, iba alegremente disfrutando de las flores los niños jugando, la familia conviviendo, los señores jugando al fútbol, unos indígenas vendiendo alegrías, unos políticos observando el partido de fútbol, hasta unos carteristas buscando una buena oportunidad de aplicarse. Cuando de pronto vio una deslumbrante fuente de los deseos. Quedo maravillado al leer, “arroje una moneda y su deseo sere concedido”, lo primero que pensó fue duplicar mis ganancias.

Tomo su moneda y la arrojo al poso, sin acordarse que en un ataque de pánico, para que no se le perdieran las monedas, las había encadenado a su cuello. Esta moneda empeso a caer en el posos de los deseos, como tenía muchos deseos que cumplir no tenía fondo, y empezó a caer y caer, hasta que jalo del cuello al empresario, que para mala fortuna de todos los presentes en el parque también tenían una cadena, que iba atada de pie a cuello de otro miembro representativo de la comunidad, callo el empresario a la fuente, y jalo a los políticos, que jalaron a los indígenas, que jalaron a la familia, que jalo a los trabajadores y así en un instante el lugar quedo desolado, y las ganancias del empresario se duplicaron.

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