jueves, 7 de octubre de 2010

El buen marido.

No se que pensar, después de ese ataque de ira, todo cambiara, mi vida sera ahora diferente y más aun mi trato con Aida. Aida mi vida, mi amor, y en todo lo que pienso.

-Meses antas Gerardo, se había vuelto insoportable, doctor, llamadas a cada cinco minutos, preguntas hostigantes, que ¿Qué hacia? ¿Dónde andaba?¿Con quién?,
-Eso es de un hombre inseguro Aida, ¿te puedo llamar Aida?
-Claro Humberto. Pero como te decía eso no era lo pero de todo, lo peor de todo era cuando llegaba a casa, no era una espera agradable, siempre era una acoso, que por que me arreglaba tanto, para quien, sino estaba él, insoportable.
-Inseguro totalmente, su enfermedad no fue culpa tuya, fue culpa de su inseguridad y su falta de amor hacia ti, por que si te ama te tendría confianza.
-Usted cree Humberto.
-Por supuesto, aunque lo justifico en parte pues eres realmente hermosa.
-Gracias, disculpame, ahora voy a ver como esta.

Así era realmente Aida es un mujer que ningún hombre despreciaría mas aun trataría de encontrar manera de conocer y cortejar. Con respecto a Gerardo, como un buen jefe de familia trabajaba desde muy temprano, hasta muy noche, algunas veces llegaba casi a media noche a su casa, aun así discutía con Aida, era tenas en su trabajo cumplidor comprometido hasta el limita, su pensamiento era que no le faltara nada a Aida, el estaba convencido que si no le faltaba nada ella estaría contento con él, al extremo de poner el empeño máximo en su trabajo no así en los cuidados de Aida, y no esos cuidados obsesivos, sino en los cuidados íntimos, desde que se empezó a comportar de esa manera tan obsesiva, a Aida no le quedaban ganas de hacer el amor con el, y a el no le quedaba tiempo.

-¿Cómo te sientes amor?
-Muy bien, ya quiero salir de este hospital deje muchos pendientes en el trabajo.
-De eso no te preocupes, ahora trata de recuperarte y descansar.
-Claro que me preocupo, es el trabajo el que nos da de comer, y el que me da para poder darte lo mejor a ti que te amo tanto.
-Sí mi vida pero lo primero es tu salud, si no como vas a trabajar.

Aida se comportaba condescendiente con el no por que le naciera si no por que sentía lastima, así tal cual lastima de ese pobre hombre frustrado y enfermo.. El por su parte pensaba que debía cuidar a ella, la a atesoraba tanto.

En el tiempo en que estuvo hospitalizado Aida, entablo una relación amistosa con el doctor Humberto, de vez en vez tomaban un café, en el cambio de turno de la guardia de enfermeras. Su amistad se fue volviendo muy estrecha tanto que se convirtieron confidentes, Humberto era soltero A muy temprana edad termino su doctorado, era muy centrado, muy consciente, y muy ameno, eso es lo que había reflexionado Aida, No lo consideraba un pretendiente, si un buen confidente.

Así es como continuaron su amistad aun después de que Gerardo fue dado de alta, claro a escondidas de él, ni quería imaginarse lo que haría si se llagaba a enterar de su amistad. Cuando llegaba a hablar con Humberto que cada vez fue estrechándose el tiempo entre cada llamada, ya estaba el plan estructurado para engañarlo. Así transcurrieron los meses, y Humberto le hacia la vida alegre a Aida, mas al contrario Gerardo era cada vez mas funesto, algunas noches que llegaba a tener relaciones Aida pensaba en Humberto. Un día de estaban platicando en un café y la platica se torno algo comprometedora, entre risa y risa Aida comento: si y hasta a veces sueño contigo, en un desliz bochornosos para ella y en una conquista gloriosa para él. En ese mismo instante la tomo el de las manos y se le entrego todos sus sentimientos, tan candoroso estaba el momento, tan hermoso para ambos irse acercando par a par sus ojos y sus labios, ese momento no termino tan bello como se esperaba. En ese mismo instante se acerco Gerardo, desenfundando una pistola, y maldiciendo a ambos.

-Hijos de su pinche madre así los quería agarrar.
Aida, contesto con una esperanza.
-No Gerardo solo somos amigos.
Humberto se paro de repente, pasmado, pálido, ya se daba por muerto, cuando Gerado empezó a sufrir un paro, se derrumbo en el suelo, y convulsiono. Aida suplico a Humberto has algo por favor, Humberto ya estaba revizandolo, tardo cinco minutos en tratar de hacer latir el corazón de Gerardo pero fue inútil. Volteo a ver a Aida con una sonrisa media dibujada.


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