Cantan los pájaros, cantan
sin saber lo que cantan:
todo su entendimiento es su garganta.
Octavio Paz
Como un divo erguido en la inmortalidad
sin vacilaciones abre una flor de marzo afinada en quintas
canta libre, el colibrí anciano de cuatro gargantas
y con pasos firmes, hielos de todos tamaños marchan
en contrapunto sobrio mirando de reojo.
Nace una estructura esbelta que vaga por los
espíritus aventajados, es grande y eterna como tu vida
a pesar de sus 580 segundos. Tiempo que té basto
para fraguar la grandeza y borrar tu tumba.
Fiesta de luz
transparencia de hojas
rió de sol
cada rayo una arcada
cada beso un acorde
cada nota tu alma
cada pausa tu ausencia.
Los bajos, sequito de briosos cancerberos
cuidan el regreso de la luz a las cuerdas
arde el tiempo sobre una línea invertida.
Un compañero negro sonríe,
muestra sus dientes blancos
imita al que vuela libre
marfil quemado
marfil pulido
mueve las caderas como agua
que repta en los montes.
Se calla lentamente la fiesta,
pero no se va nunca
siempre es aurora.
Una mariposa vuela, regresa el elefante;
susurra al oído de las doce;
el pájaro se convierte en serpiente y
un dragón juega con el paquidermo;
es el mismo rojo que se vuelve verde
para ser amarillo, deja vu de colores
que se descompone.
Que grande es el mundo que no entiendo,
que no se si entendiste
mundo que cantamos por tu culpa
manto alado en mil jaulas
que has liberado hasta de la muerte.
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